Nuestras amigas las abejas

No podemos dejar de aprender un poco más sobre nuestras amigas las abejas, y cuando decimos amigas, es por buscar un término que exprese la cercanía que sentimos con ellas, estas trabajadoras incansables que literalmente dan su vida por el bien común y la supervivencia, no solo de su especie sino de otras también, incluida la nuestra. 

Las abejas tienen un papel muy importante en el ecosistema; de hecho la producción de la alimentación y la biodiversidad mundial depende de ellas. 

Y dado que las poblaciones de abejas están disminuyendo drásticamente a escala global, estos insectos son más necesarios que nunca.

La reproducción de muchas especies botánicas depende directamente de estos polinizadores. Las abejas utilizan el polen y el néctar de las flores para alimentarse o para producir miel, por lo que a la vez que se alimentan y recolecta polen de los estambres de las plantas, transfieren semillas. Este tipo de relación, es un claro ejemplo de dependencia simbiótica.

Entre la multitud de especies, las abejas solitarias (oligoleges) también son muy importantes. El término oligolectía se usa en la ecología de la polinización para referirse a las abejas que exhiben una preferencia estrecha y especializada por las fuentes de polen, típicamente a un solo género de plantas con flores. La preferencia puede extenderse ocasionalmente a múltiples géneros dentro de una sola familia de plantas, o ser tan estrecha como una sola especie de planta. Es decir, la supervivencia de esta flora depende de la actividad directa de las abejas.

Dichos polinizadores a menudo se llaman oligolegos o simplemente polinizadores especializados, y este comportamiento es especialmente común en las familias de abejas Andrenidae y Halictidae, así como en el género Ptilothrix.

Teniendo en cuenta el papel que juegan las abejas en el proceso de polinización cruzada, se entiende la importancia que tienen en la biodiversidad del cultivo y en la agricultura y viceversa. De hecho hay estudios que afirman que un tercio de la alimentación que consumimos diariamente es producto de la polinización de abejas.

Veamos ahora un poco, cómo se organizan estas maravillosas criaturas, para poder cumplir con sus tareas primordiales, necesarias para un equilibrio que agrupa una serie muy extensa de elementos y circunstancias y que tienen un alcance global más allá de lo que pueda pensar mucha gente.

Según nos informa National Geographic:

Las abejas son insectos sociales y colaboradores. Viven en las colmenas, donde existen tres castas.

Las únicas abejas que normalmente vemos son las obreras. Son hembras que no están desarrolladas sexualmente. Estas abejas buscan alimento (polen y néctar de las flores), construyen la colmena y la protegen, limpian, hacen correr el aire batiendo sus alas y realizan otras muchas tareas para la comunidad.

El trabajo de la abeja reina es sencillo: pone los huevos que constituirán la nueva generación de abejas. Normalmente no hay más que una abeja reina en una colmena. Si muere, las obreras crean una nueva abeja reina alimentando a una de las obreras con una dieta especial, la jalea real. Este elixir hace que la abeja obrera se desarrolle y se convierta en una reina fértil. Las reinas también ponen orden en el trabajo de la colmena desarrollando productos químicos que guían el comportamiento de las demás abejas.

Los zánganos son la tercera casta de las colmenas, y son machos. En cada colmena viven cientos de zánganos durante la primavera y el verano, pero son expulsados en invierno, cuando la colmena adopta una forma de vida más austera.

Las abejas viven durante todo el invierno de la miel y el polen almacenados, manteniéndose juntas para conservar el calor. Las larvas también se alimentan en invierno de los productos almacenados y, al llegar la primavera, vivirá un nuevo enjambre en la colmena. 

Ahora ¡ojo! necesitamos prestar mucha atención a lo que ha estado sucediendo, desde hace ya muchos años, y ha supuesto un problema muy grave para el sano desarrollo de nuestro medio ambiente y sus ecosistemas.

Entre 1985 y 2005 las poblaciones de abejas disminuyeron un 25% en Europa y el declive continúa actualmente. No sólo en nuestro continente, sino en todo el mundo, con el fenómeno de Colony Collapse Disorder (el síndrome del desplome de las colonias), que ha afectado a un tercio de las colonias de abejas en EEUU a partir del año 2006. 

Esta desaparición alarmante de las abejas también significa que las cosechas y la producción de alimentos están en riesgo.

Son varios los factores que han contribuido al declive de las abejas, y están entrelazados. Las prácticas de la agricultura industrializada, tales como la monocultura y el empleo de los pesticidas y los herbicidas, están llevando a cabo la pérdida de hábitats de las abejas.

  • El monocultivo reduce la biodiversidad y la disponibilidad de la flora y, teniendo en cuenta la simbiosis de las especies, también reduce las fuentes de alimentación de las abejas.
  • En cuanto a los pesticidas, una investigación reciente ha demostrado que el uso de productos que lleven neonicotinoides, tienen un impacto significativo en la disminución de las abejas. En abril de 2013, la Unión Europea suspendió temporalmente tres tipos de estos pesticidas- clothianidin, imidacloprid y tiametoxam. Pero si no se restringe mucho más el uso de estos productos dañinos para la fauna útil, o se resuelve su suspensión total, los efectos a medio plazo serán devastadores.

Para poder asegurar la supervivencia de las abejas, y otros polinizadores, se deberían tomar medidas políticas enfocadas a los sistemas de cultivo.

Pero a nivel individual, con gestos simples, también podemos aportar nuestro granito de arena:

  • Reemplazando productos de horticultura que lleven neonicotinoides por alternativas biológicas tales como nematodes o BT (Bacillus thuringiensis).
  • Creando un ecosistema de diversos hábitats basándonos en la rotación de cultivos para controlar plagas y favorecer a las abejas.
  • Consumiendo productos ecológicos, locales y de temporada para apoyar al sistema de agricultura ecológica, lo cual es menos perjudicial para los antófilos (las piezas que componen las flores, que son hojas modificadas en el curso de la evolución para cumplir funciones relacionadas con la reproducción. Los antófilos se dividen en dos tipos: de protección y fértiles).
  • Localizar a los apicultores cercanos y comprar sus productos provenientes de la colmena, que incluyen la cosmética de cera, miel, propóleo y jalea real, para apoyar la crianza sostenible de abejas.

Referencias:
https://en.wikipedia.org/wiki/Oligolecty ; https://www.nationalgeographic.es/animales/abeja ; https://www.conasi.eu/blog/consejos-de-salud/abejas-y-ecosistema/
Foto: shell_ghostcage en Pixabay